No, no me han despedido ni me he autodespedido. Es el título de esta canción de Glen Anthony Henry, que es el cantante soul americano que podéis ver abajo, y que ha grabado un disco con un productor español. Si puedes escuchar los primeros 40 segundos sin mover cabezas, pies, hombros o rodillas (y lo normal es que sea una combinación de varias), es que eres sordo. Feliz finde y un recuerdo cariñoso para los meteorólogos y su alto porcentaje de éxito en las predicciones, del nivel de las de la bruja Lola. No hay nieve chicos, cuando la avisáis no nieve y cuando calláis esto es Laponia... ¡Uh! :)
viernes, 6 de febrero de 2009
Fired up!
miércoles, 21 de enero de 2009
Bye bye Barcelona
El asiento de mi lado está vacío. Estoy sentado en un AVE justo detrás de la mesa de jugar al mus ya mencionada en otras ocasiones. Me vuelvo a Madrid. Llevo en Barcelona desde el lunes por la mañana, he trabajado más que en el último año completo, lo cual o no dice mucho de mi actividad diaria o dice demasiado de todo lo que hemos tenido que hacer en tres días. Os aseguro que haber estado en la cuarta planta de un edificio de oficinas a las 4 menos cuarto de la mañana en pleno centro de Barcelona es una experiencia peculiar. La gente va medio borracha, los borrachos del todo van buscando prostitutas y todos te miran como si fueras de otro planeta: trajeado, con los ojos hundidos, el portátil colgando del hombro.
Pero ha estado genial en realidad. Todo el mundo debería pasar por una experiencia de éstas, ¿cómo llamarla? Trabajo bajo presión, con plazo para el día siguiente, con cosas que no sabes cómo carajo vas a sacar adelante. Me vuelvo cansado pero con mi noche de ocio y sueño reparador más que ganada.
Decía que voy en el AVE, asiento 4A. Nunca me preguntan y siempre me toca ventanilla, y eso que prefiero pasillo aunque no lo pida. Cuando digo que voy no es que esté haciendo un flashback, es que literalmente voy sentado en el asiento y estoy escribiendo esto con un "pincho USB" de esos que me conectan a Internet. O veo la película que anuncian en la minitelevisión, "The Contract", o probablemente me quedaré dormido.
Me gusta Barcelona. Aunque a veces tenga que darle la razón a un amigo mío que en un alarde de subjetividad la catalogó como "ciudad que huele mal", y me joda que no se pueda fumar en ningún sitio, se lo curran todo un montón. Desde las tiendas hasta el diseño de los restaurantes y sus cartas, los nombres, la decoración. Me gusta que en pleno centro cada persona que te cruces hable un idioma diferente, sin contar el catalán.
Preveo que la señora de detrás va a invertir las 2 horas de viaje en hablar por teléfono con un elenco de compañeros, maridos, hijos, primos y primas ("estoy en un treeeeen Marina", sin duda contestando a "uy no te oigo nada!").
Voy a buscar los auriculares...
martes, 13 de enero de 2009
Cambio de chip
Hace menos de un año habría estado ansioso. Me habría venido algún acceso (me encanta usar acceso, como en acceso de tos) de nervios, de caspa en sentido figurado, de pesimismo, de inseguridad. ¿Irme a Fuengirola y volver en el día, para explicar a un inglés afincado allí que tiene su negocio anclado en el pleistoceno tecnológico y persudiarle de que yo soy su technology man, su Houdini, el que le va a solucionar la vida y hacer rico del todo a sus nietos? ¿Yo? Pero si yo no soy comercial. Ni consultor. Joder, que yo estaba diseñando sitios Web hace 5 años en gayumbos a las 2 de la mañana... Habría intentado por todos los medios que alguien me acompañase.
Y sin embargo hace unas semanas, sin duda imbuido del espíritu prenavideño y con el pecho henchido tras mi éxito anterior como un gallo en el amanecer más glorioso, se me ocurrió decir:
- A ver Pablo esta solución es difícil de vender. Quiero decir, no es un cacharrito, lo compras y listo. Es compleja, es cara, y para que la quieran comprar la tienen que entender. No no, sin problema, si hace falta yo me cojo un AVE y voy para allá. Ah, ¿que es inglés tu cliente? No pasa nada, le hacemos la demo en inglés. Pero mejor ver cómo reacciona antes de ponerle números delante. Sí sí, para después de Año Nuevo, perfecto. Me recoges en Málaga. Hablamos entonces, adiós.
Y por mucho que lo intento no me pongo nervioso oye. Ya sé que puede no funcionar, que puede salir mal, que me puedo atrancar con el english y repetir constantemente architecture y functionalities cuando en español tendría sinónimos para no sonar repetitivo. Que puedo no seguir bien el Power Point en inglés, o puede no estar totalmente actualizado como la versión en español. Que es posible, incluso, que este inglés no tenga ningún interés en solucionar la vida a sus nietos, si los tiene, porque es la mar de progre y que le guste trabajar en el pleistoceno como a mí me gustan los tomates de verdad, irregulares y llenos de sabor, aunque los haya perfectos y rojos como labios en el Hipercor. Existe incluso la posibilidad de que directamente alguien me caiga gordo o yo a él le resulte antipático. Páginas y páginas explican en manuales cómo "crear sintonía", te enseñan a preparar reuniones, a aprender de grandes ejemplos como un tal Lee Iacoca de Chrysler o no sé qué leches más. Libros de esos de los que venden en el aeropuerto, los tomos de cabecera de los más prometedores y exitosos yuppies.
Pero nada oye, que estoy zen y os parecerá una gilipollez, pero cuanto menos me preocupo y me rindo a lo que es, como salga aunque sin ir a lo loco, mejor me va. Que de verdad que la mayoría de la gente es buena, que si tú no pones corazas él otro no necesita la suya, y que sólo con saber escuchar, sonreír y ser capaz de sacar una sonrisa te entiendes bien con quien sea, hables de lo que hables. Y si no es así, ya improvisaré algo.
Fíjate que hasta escribo en el blog 6 horas antes de que suene mi alarma y ni por esas oye. Ya no temo ni las ojeras o quedarme dormido. Me empeño en fabricar dificultades pero ni por esas. Me resbalan. El éxito no está asegurado por supuesto, pero lo importante no es de qué lado cae la moneda. Lo importante es tirarla.
Al final será verdad eso de que si fluyes en la vida las cosas te vienen de frente y puedes ver y decidir e improvisar. Si vas mirando el suelo se te pasa todo. No ves lo que no quieres ver. ¿Be water my friend?
Casi casi echo de menos el chip anterior. Lo malo es que no sé que botoncito apreté para estar así. Pero eso, tampoco me preocupa.
lunes, 5 de enero de 2009
Sin rima para el 2009
Vía Láctea. Planeta Tierra. Año dos mil nueve.
No me negaréis que suena a película de ciencia ficción. A mí cuando era pequeño el dos mil nueve me sonaba a muy futuro. A un mundo diferente. Me imaginaba coches que conducen solos guiándose por las señales que reciban de las autopistas, a macroondas que cocinan por sí mismos si se les proporcionan los ingredientes y se elige la receta con un botón. Me sonaba a aviones que te plantan en Nueva York en una hora, y a máquinas tipo transformer controladas por humanos para subir a un andamio o extraer coltán de una mina peligrosa.
La dura realidad es que siguen haciendo coches que corren tres veces más de lo que es legal y que se publicitan como tal, y que para disfrutar a la mesa me veré obligado a consultar mi libro regalado de 1080 recetas de Simone Ortega. En el dos mil nueve cientos de vuelos no precisamente supersónicos son cancelados o retrasados en Navidad para desesperación de los que esperan en el destino, y unos malnacidos que habitan la presunta tierra santa escogen precisamente estas fechas para masacrar un territorio ocupado, utilizando las excusas más peregrinas y olvidando que hace no mucho tiempo ellos estuvieron al otro lado de la alambrada en Europa. En dos mil nueve los minerales se extraen con las manos desnudas en países africanos desangrados por guerras civiles. Minerales que llegan a nuestras manos en forma de iphones colgando de los árboles de Navidad.
La dulce realidad es que, aún sin su traje de levitación magnética, los niños siguen sonriendo. Que hay personitas que pasan mala noche por el ansia de pillar a los Reyes Magos in fraganti y que la gente normal, incluso los que se quejan de la Navidad, parece olvidar su día a día y hacer un pequeño esfuerzo por ser mejor amigo, pareja, padre o hijo. Como me gusta esa frase de Gandhi de que si quieres cambiar el mundo debes empezar por cambiarte a ti mismo, me quedo con el amorcillo volador que se respira en el ambiente, las ilusiones y las sonrisas.
No creo que haya una razón lógica, ni siquiera mística, en utilizar el final o el principio del año para hacer resúmenes y propósitos de futuro. Da lo mismo empezar el uno de Enero que el veinticuatro de Junio si te das un año de plazo para lo que sea. Yo no tengo más plan que ser feliz ni más propósitos que seguir con los ojos y oídos bien abiertos para enterarme de todo y aprender mucho, que vida no hay más que una, al menos como ésta, y lo fundamental lo tengo cubierto por suerte. Mi deseo para este año es que miremos más dentro de nosotros y juzguemos menos lo de fuera. Que la crisis se convierta en catarsis y los problemas en retos. Que recuperemos el ansia infantil de la noche de reyes y recordemos cuando sea necesario que la vida, al fin y al cabo, es un puto juego.
Y también quiero que alguien me de una rima decente para dos mil nueve. Desde el dos mil cinco la cosa ha decaído bastante...
Mmmm... Qué ñoño me ha quedado al final, ¿no? Feliz año a todos, besitos. ;-)
jueves, 18 de diciembre de 2008
La maquinita
Empecé como quien no quiere la cosa, casi por sacarme algún dinero mientras estudiaba y para las vacas flacas de mi vida de freelance. Mis funciones estaban tan indefinidas entonces como amplias son ahora, y pasé de diseñar el sitio Web de la empresa a meterme en un viaje a Bruselas para que me formasen en algo de lo que no tenía ni idea. Ni demasiado interés, la verdad. Han pasado ahora cuatro años de aquello, y solo me he dado cuenta de dónde estoy, de quién soy y de qué puedo hacer hace menos de uno.
Estuve a punto de irme a otro trabajo en el que me pagaban más y con el que tenía mejor sintonía. Eso pensé en su momento. Ahora, con mi primer éxito que sea realmente mío y sólo mío a mis espaldas, sé que hice bien cuando decidí quedarme. No había hecho ni de lejos todo lo que estaba en mi mano, y siendo prácticamente mi propia empresa, hubiera sido una estupidez dejarlo.
Os confirmo que es cierto lo que dicen, que un negocio propio es bastante sacrificado, que te llevas el trabajo enlatado entre las sienes a casa, que eres el último en la cadena de pasamarrones, que se gana menos dinero, sobre todo al principio, que por cuenta ajena en otra empresa.
Pero... a cambio puedo fumar, escribir en mi blog, encender el eMule, chatear un poco para desconectar, quedar para comer con alguien por aquí cerca y sentirme el puto rey del mundo porque he ganado, por fin, a una empresa de trajeados arrogantes que hace un año y medio ni sabrían quién era. Van dos de dos, y en su propio campo.
Por fin sé quien soy, éste ha sido mi año y éste es mi sitio. Se aceptan CV, se ofrece risa, café de verdad y ser parte importante de una máquina que crece sin estropearse porque tiene pocas pero buenas piezas. ;-)
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Un regalo en un coche
- ¿No tienes otro disco? -preguntó ella revolviéndose en su asiento cuando la última canción había terminado.
- No, ¿y si nos quedamos en silencio un rato? Quiero decir sin radio ni CD.
- Nos quedan todavía casi dos horas de viaje... - La chica se estiró y le observó, mientras él conducía con la mirada fija en la autopista y esbozaba una sonrisa contra su queja.
A ella le parecía que él estaba casi en trance, sin duda por la sucesión de asfalto y líneas discontinuas proyectándose sobre un suelo infinito, y recortado éste contra un cielo. El cristal del coche era la pantalla y el mundo en movimiento su videoclip caleidoscópico.
- A los que nos gusta conducir -comenzó a decir él-, hasta nos gusta viajar en silencio. El ruido de la música te roba el momento, ya sabes...
Ella le miró. Le gustaba esa faceta mística de él pero a veces tenía la sensación de que la utilizaba para hacerse el interesante y convencerla de lo que quería. La mayoría de las veces, pensó, lo conseguía, y eso le molestaba.
-...realmente en un coche tienes que oir que vas en un coche, lo de avanzar a ciento y pico kilómetros por hora en un karaoke con ruedas es un tanto... ¿irreal?- terminó la frase con una interrogación, como queriendo que ella confirmase su opinión. Todavía sonreía.
- El ser humano inventó el karaoke ambulante, como tú lo llamas, por una sencilla razón.
- ¿Cuál?
- El ruido del coche es un auténtico coñazo -le miró y le puso su cara de por ahí no paso, aunque él se rió pero no le devolvió la mirada, concentrado en su conducción silenciosa.
Esa clase de discusiones ligeras pero exigentes con los argumentos eran algo característico de su relación. Jugar a oponerse a lo que dijera el otro, alternando las exposiciones con alguna caricia o algún pellizco, evitar que el juego se fuera de las manos pero conseguir una pequeña victoria a la vez. Le gustaban sus microdebates.
- Son un coñazo porque no estás atenta -él volvió a la carga, mirándola rápidamente esta vez. Había batalla.
- ¿Que no estoy atenta? ¿Qué quieres, que cuente los palos esos con los kilómetros?
- Se llaman hitos.
- Como se llamen, no es precisamente una maravilla geológica lo que estamos atravesando... -la autopista discurría por campos comunes, con casas comunes, montañas típicas al fondo y un atardecer de lo más normal para ella.
- Cierra los ojos.
- Pensaba que querías que te diera conversación.
- Cierra los ojos pero no te duermas, joder -el la miró mientras ella cerraba los ojos, no sin dedicarle una última mirada de fingido escepticismo.
- Vale ya estoy. ¡Avísame cuando lleguemos! -no pudo contener una pequeña risa, su peculiar risa de niña eterna.
- Concéntrate en dónde estás. Lo de cerrar los ojos es para hacerlo más fácil. Si eliminas estímulos te concentras en ti. Piensa en dónde estabas hace tres horas, dónde estás ahora, dónde vamos... y piensa en lo que te rodea, siente el coche.
Estuvo tentada de hacer una broma sobre sentir su coche del tipo ah es tu coche que es taaaan guay, pero se acomodó en el asiento, estiró los dedos en los zapatos y comenzó a tararear mentalmente su canción favorita del disco que había terminado.
- No vale cantar mentalmente... -le advirtió él. "Maldición, cómo me conoce", pensó ella sonriendo.
Le costó dejar de cantar en silencio. Incluso divagando sobre otras cosas, seguía teniendo en la cabeza la melodía. Cuando creía que la había detenido, y se concentraba en que su trasero llevaba dos horas en la misma postura, descubría de nuevo el sonido de la canción en su cabeza. Hizo un esfuerzo por estar en silencio. Recordó aquello de visualizar una hoja en blanco que había leído en algún libro de autoayuda. Era más fácil decirlo que hacerlo, desde luego. En blanco... ¿pero y lo que había más allá de la hoja? ¿lo que se adivinaba por los bordes?
Los primeros minutos pensó que se dormiría, pero su lucha contra la canción la mantenía activa. Pasado un tiempo sólo oía el ronroneo del motor, el aire templado saliendo del salpicadero. Casi le parecía oir la respiración de él, por debajo de la suya propia.
- ¿Cómo vas? -preguntó él, temiendo que se hubiera dormido de verdad.
- Bien bien, sintiendo el coche... Qué buena compra hiciste -le contestó burlona. Se imaginó la sonrisa de él y casi la vio con los ojos cerrados.
Entonces fue consciente de su mano apoyada sobre el plástico del interior de la puerta. De su nuca, apoyada en el sillón con el pelo recogido haciendo de almohada, de las partes de su espalda que quedaban pegadas al asiento y las que sufrían por no conseguirlo, y del olor que entraba junto al aire caliente. Olor a campo. Hacía tan solo unas horas que había salido del trabajo, y ahí estaba, en medio de la nada como si no fuera un viernes laborable. Viajar debería ser obligatorio.
A los pocos minutos se dio cuenta de que le estaba gustando el silencio. Percibía muchos pequeños detalles que normalmente no escuchaba. El ruido del motor, del aire golpeando el cristal... le pareció que iban más deprisa. Se dio cuenta de que algo dentro de ella seguía intentando meterle la cancioncita dichosa en la cabeza, y se opuso firmemente. Se concentró en su cuerpo, en su respiración. Se imaginó el cuerpo de él, y su respiración, y con los ojos cerrados fue casi como si se metiera en otro cuerpo y le tomase prestados sus ojos un momento. Imaginó lo que él veía, y se imaginó a sí misma sentada al lado con los ojos cerrados.
Pasó más tiempo, ella no sabía cuánto, y ocurrió algo extraño. Fue como si su mente se dividiera en dos. De una parte, ella seguía allí pensando en su cuerpo y cayendo de vez en cuando en divagaciones sobre dónde cenarían, pero por otro lado ella estaba de espectador, lo veía desde fuera. Le gustó la sensación de llevar dos mentes a la vez. Una era la cabeza normal, la que le recordaba de vez en cuando alguna preocupación menor, le devolvía la canción pegadiza o le sugería que pronto tendría que parar e ir al baño. Al mismo tiempo, su otra mente estaba detrás de aquella, observando sus procesos mentales como si fuera una película. Al cabo de unos minutos casi podía anticipar lo que se le iba ocurrir a la mente habitual. Le maravilló el ritmo endiablado de la primera, y la calma indiferente de la segunda.
La luz contrajo sus pupilas cuando abrió los ojos y miró el paisaje. Sin música le pareció estar más cerca del prado que tenía la derecha al otro lado del cristal. Casi podía olerlo, le apetecía sentarse. Durante unos minutos más prestó más atención a todo lo que se cruzaban de lo que lo había hecho en las dos horas y a saber cuánto anteriores. La mente calmada ganaba, el ruido constante se había quedado atrás.
- ¿Y bien? -la voz de él casi la sobresaltó.
- La verdad es que estoy de puta madre.
- Has descubierto algo grande, guárdame el secreto.
- ¿Qué he descubierto?
- Pues... si estás como creo que estás ahora mismo, has descubierto tu alma.
La mente inquieta pensó su respuesta cómica, pero la mente tranquila llevaba el control. Quizá no fuera otra mente después de todo. Quizá esa era ella en realidad, y durante mucho tiempo se había identificado con la otra. Si había un espectador de sus reflexiones, ella no era sus reflexiones. Soy otra cosa, pensó. El alma es un buen nombre.
Supo que perdería ese estado en cuestión de minutos, cuando la vejiga apelase a sus instintos más básicos, pero disfrutó de su descubrimiento. Y se prometió intentar parar el ruido, frenar los engranajes un poco en lo sucesivo. ¿Para qué dar tantas vueltas a las cosas? ¿De qué me sirve traer un problema del próximo lunes a hoy, en medio de esta llanura? Porque sobre todo, se encontraba a gusto. Se encontraba en un estado de calma difícil de distinguir de la felicidad.
Intentaré volver a hacerlo esta noche mirando las estrellas, se prometió. Volvió a cerrar los ojos, estiró el brazo y puso su mano sobre el muslo de él. Si se quedaba dormida ya no importaba. Iba a soñar con lo que haría en el futuro con su nuevo descubrimiento.
Cuando la respiración de ella se volvió más lenta y algo más ruidosa, él puso música instrumental con el volumen muy bajo y la miró de reojo para comprobar que no se despertaba. En su estado hipnótico inducido por las líneas de la autopista, siempre las líneas, la miró y le pareció que veía más allá de la ropa y la piel. Sonrió, y pensó satisfecho que descubrirle el alma era un bonito regalo, aunque quizá no se acordase cuando despertara. No esperaba que fuera a hacerle caso y mucho menos que consiguiera relajarse, y se dio cuenta de que ella le gustaba por eso entre otros motivos.
Descubrir el alma era, en cualquier caso, una estupenda forma de pasar el tiempo en un viaje largo.
jueves, 27 de noviembre de 2008
Bueling
O casi mejor sonaría "Burring". o "Estrujing".
Ayer volé con vueling, me aburrí con abuerring y llegué a mi casa con dolor de espalda con... Dolorespaldueling es demasiado ya, ¿no? :)
En serio chico, ¿no podían quitar 3 o 4 filas y repartir el espacio entre las demás? Si total, siempre quedan sitios libres... Menos mal que mi vuelo era un BCN-MAD (ahora me las doy de coordinador de vuelo jaja) y estar encerrado más de hora y media con las rótulas sujetando el asiento de delante es todavía una molestia que puedo aguantar sin farfullar quejas por lo bajo, como haría un vejete franquista que pasase por delante de unos yeyés de mierda haciendo botellón.
A lo mejor cuando dicen "la séguridad en vuelíng es cosa de todos... le rogamós que presten su átencion a las explicaciones..." (hablan raro, como la gente de los telediarios, acentúa donde he puesto y verás que bien te queda), se refieren a que yo me encargo de la seguridad del que tengo delante. En caso de accidente, a él no le puede pasar nada porque su asiento completo lo sujeto yo entre mis piernas. Al de al lado, en caso de salir despedido, le sirvo de amortiguador. Y el pasillo siempre estará libre porque es imposible que logre saltar a las sardinas de mi derecha para alcanzar la libertad. Y aun si lo consiguiera, me enfrentaría en la final a los mejores sardinas de las demás filas para llegar hasta la puerta... Mejor ni pensarlo vamos.
Antiguamente, todas las penurias eran pocas porque te daban comida, o un zumito, o un snack (léase diez unidades de kikos, panchitos o almendras), o al menos una caída de pestañas y una sonrisa profiden de la aeromoza. Ahora ya ni eso. Dentro de poco las azafatas tendrán palos de caña larga como los pastores, y nos darán en el trasero cuando reciban al rebaño a la entrada del avión. ¡Bueeeeeee-eeee-eee-ling!
Para compensar, nos tocó una azafata novatísima a la que se le escapaba la risa cuando hacía la coreografía con el chaleco salvavidas... deberían hacerlo siempre, le pusimos más atención que nunca, decenas de personas pensando "ahora, ahora se va a descojonar... se le cae el chaleco... no irá a inflarlo de verdad..." :)
lunes, 24 de noviembre de 2008
Instantáneas de un fin de semana
Uno. Observa a cada persona que pasa, sin excepción. Apoltronado en su butaca 12C, con los auriculares en las orejas y la vista perdida en la tele del tren, mira la película pero es incapaz de concentrarse en ella y, probablemente por eso, tampoco pueda disfrutarla. Si el sujeto que recorre el pasillo es hombre, le mira y en su cara se adivina la comparación consigo mismo. A los gordos les dedica un vistazo, a los que tienen tipazo les recorre el cuerpo con gesto hosco. Si es mujer, por supuesto, un repaso visual completo. Si está buena, se queda pendiente de cuándo vuelve del baño o la cafetería. Si no le resulta atractiva, parece insultarle con los ojos. El mundo constantemente juzgado, la clasificación de las personas en mejores y peores que yo. No tiene rayos X, sólo percibe los cascarones.
Espero no ser así nunca.
Dos. Todo el bullicio del Parque del Alamillo a su alrededor es inexistente para ella, aunque sea un domingo soleado y cientos de personas hayan decidido ir a pasar el día al mismo césped. Una pompa de jabón invisible y gigante la envuelve a ella, protegiéndola, y con ella a su bebé, un minúsculo paquetito envuelto en ropa azul que solo veo de espaldas y que es poco más grande que un gato mediano. Para ella no hay balones voladores que la acechen, ni avispas que le canten al oído, ni rayos molestos de sol en su retina, ni hormigas trepando por debajo del escudo hacia sus pantalones. La vista clavada en su bebé minutos y minutos. Una mirada de paz. Alguna nana telepática, estoy convencido. Ella protegía a su bebé y yo, inconscientemente, la protegía a ella.
Espero mirar así algún día, y espero que ese bebé recuerde que lo miraban así.
Tres. Cada cuatro años aproximadamente me asalta el antojo de tomarme un batido. Busco una heladería o cafetería donde los hagan caseros y pago encantado entre tres y cinco euros por una dosis de vainilla líquida. Mientras nosotros tragamos vainilla y plátano, aparece ella. Una diadema de plástico blanco, con lucecitas de colores intermitentes, le da un toque de color a su pelo lacio negro. Un sable supuestamente láser, que reta e incluso supera a la diadema en colores y patrones y probablemente emita sonidos pende de una de sus manos pequeñas. Decenas de objetos más en la otra mano, en un revoltijo de llaveros, juguetitos y demás artilugios molestos que se presta a desparramar delante de sus clientes. Con sus ojos orientales rasgados, se acerca a las mesas donde tomamos el batido y va mirando a la gente. Y no dice nada. Solo nos recorre con la mirada. ¿Qué va a decir? ¿"Hola, parezco retrasada pero estoy vendiendo?" Me pregunto si se reirá cuando se ve así vestida recorriendo un país extraño. Si se reiría el primer día, si alguien le dijo "pareces un extraterrestre, ¿vas a salir así?" Lectura pesimista: no tiene más remedio que hacer eso para satisfacer una deuda tenebrosa con una mafia cruel. Arrastra los pies en jornadas interminables con ventas contadas con los dedos de la mano del sable. Lectura optimista: es china, su sentido del ridículo es totalmente diferente al nuestro. No le da vergüenza y por eso, hace demostraciones a sus clientes que rayan la actuación de un payaso profesional. Es el opuesto al mirón del tren. Lo que piense la gente de mí es irrelevante, lo que piense yo de ellos también.
Si me hubiera pillado hace veinte años le hubiera comprado el arsenal completo. Si tengo que elegir, prefiero vender antenas de ET un domingo por la tarde antes que ser un insatisfecho trajeado en un tren, temiendo ver a alguien mejor que yo. Mejor según yo, claro.
Posdata. Me gustan las margaritas. No las del campo, que también, sino las que bebes esperando unos tacos sepultados en queso fundido. Y contigo más.
viernes, 14 de noviembre de 2008
Relax: not too late
Siempre me funciona, si estoy agitado en el curro o agobiado, pongo música lenta. La escucho completamente, pierdo cuatro minutos y gano calma para las siguientes dos horas. La canción Not too late de Norah Jones no tiene vídeo pero he encontrado este montaje hecho con películas clásicas que le pega maravillosamente. Os dejo con Norah. ;)
Menuda voz ¿eh? Como una diosa que te arrulla en su abrazo. ¡Que me echen lo que quieran ahora!
lunes, 10 de noviembre de 2008
El Papa y Miguel Angel
¿Quién dice que un encargo papal no tiene los mismos problemas que cualquier obra por encargo? Los artistas siempre tienen que sacar su vena...
Geniales Monty Python. Inglés subtitulado al español... a mí me hicieron doblarme de la risa ayer domingo por la tarde, espero que os anime entre semana también.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Obama impaciente
He descubierto una cosa que es un vicio...
¿Prefieres pantalla completa? :)
lunes, 3 de noviembre de 2008
Gratinado
He tenido un sueño peculiar.
He soñado que durante un fin de semana me convertía en un plato preparado congelado. Así, como suena. Salía un Viernes de Madrid con lluvia y escasos grados despidiéndome, mantenía la cadena de frío en un camión amarillo con el techo a cuadros a lo largo de Castilla-La Mancha, llegaba a Sierra Gratinada, donde me recibían Doña Nieve y Don Fríoquepela, y el mundo que me rodeaba era también comida congelada.
Y debíamos ser, yo y el entorno, lasaña, canelones, o algo por el estilo, porque el domingo cuando salió el sol y encendieron el horno para cocinarnos, estábamos todos gratinados, con una espesa capa de bechamel y queso blanco lista para dorarse en el horno.
Me ha gustado compartir paseos, confidencias y chistes con los cubitos de hielo que esperan al sábado para salir de fiesta, los trescientos gramos de carne picada que todo congelador incluye de serie, las pizzas plastificadas y los tupperware olvidados meses atrás con algún manjar criogenizado a lo Walt Disney bajo su tapita hermética.
Adjunto foto perpetrada imaginariamente por una piruleta y extraída de mi subconsciente con terapia de grill. En lo sucesivo, podéis llamarme Mister Findus. No, no, Mister Flamenquín no es una opción. ;)
lunes, 27 de octubre de 2008
Síndrome IKEA
La tele y la publicidad forman un contubernio infernal que nos lava el tarro, lo digo con conocimiento de causa.
Esos trastos convierten a una persona con treinta trabajados y demostrados años de nulo interés por la decoración y el bricolaje, en un aplicado aprendiz de San José, ese carpintero entrañable que ponemos en los belenes en Navidad (porque si tu mujer se queda embarazada "del espíritu santo" y tú lo llevas con alegría, cuando menos eres entrañable, digo yo).
Yo, que había renegado siempre de ese tipo de tiendas... Yo, que me reía de mis amigos porque cuando íbamos a cualquier sitio montaban una competición espontánea de "veo veo", pero adaptada a los tiempos que corren: "esa lámpara es de IKEA". "Ah mira esas sillas son de IKEA, las vimos el otro día". El juego debe ser, pensaba yo, identificar lo más rápido posible todo lo que hay en un espacio que sea comprado en IKEA. Como el Quién es Quién pero con el catálogo de tropecientas páginas repleto de fotos de casas atestadas y acogedoras donde debe vivir gente atestada y acogedora también. La república independiente de tu casa, ahí es nada. Una religión.
Llegó un momento en el que pensé que debería conseguir el dichoso tomo (porque entra en la categoría de tomo, por tamaño y trato reverencial) y empollármelo, aunque solo fuera por participar en ese nuevo juego para beber. No hizo falta. Me independicé.
Así, este fin de semana por ejemplo he podido disfrutar del estupendo plan ocioso de visitar dos grandes centros comerciales, buscando tacos y clavos de clase 6 (¿o era S6?) para clavar mi espejo MIND, mis baldas LAK, mi lámpara ZOFFEN (ésta me la he inventado, se nota que no soy vikingo) y mi baldita STRÜMEL (ídem, tiré el papel con los jeroglíficos de montaje). Esos nombres puntiagudos deben ser invocaciones al Bajísimo, mantras satánicos. Creo firmemente que si lees el ticket de compra del IKEA del tirón con un pentagrama de tiza alrededor y tus tornillos y destornilladores colocados en las puntas, se te aparece el guardián del averno nórdico. El que tenga huevos, lo probamos un día. Trae la tiza, que el resto del altar ya lo pongo yo.
El mundo de la taladradora eléctrica me ha revelado otras creencias erróneas. Con lo fácil que parecía en las pelis de zombis trepanar cráneos con ese aparato tan sigiloso como único arma... y lo que cuesta hacer un puto agujerito en tus paredes sin derruir la casa entera. "¿Habré alquilado un antiguo refugio antiaéreo de la guerra civil?" te llegas a preguntar. "¿Vendrá Garzón a levantarme la tarima para ver si hay muertos?"
Con los muebles de IKEA pasa como con los Whoppers, con o sin queso, es irrelevante aquí (pero sólo aquí). Que sí, que en la foto queda todo chulísimo, que en la gigantesca casa de muñecas que tienen por tienda todo queda guay, las paredes no se manchan, no hay que barrer, todo está colocado y recto, limpio y ordenado. Ahora que cuando desenvuelves el plástico e intentas ubicarlo y copiar un poquito de la casa de muñecas en tu habitación, la cosa es más jodida. Hay que recolocar la lechuga, centrar la hamburguesa en el pan de abajo, medir bien, marcar con un lápiz, ¿está recto así? y usar tus dos manos y las dos de otro si puedes para terminar la tarea con éxito.
Ahí queda mi reflexión filosófica profunda de hoy. Jaja, IKEA y los Whoppers. Por Thor, voy de mal en peor. Voy a buscar el ticket conjuro para pedir ayuda al que sabe. Ah, coño, y a por el metro, para cuadrar bien el pentagrama en el suelo...
jueves, 23 de octubre de 2008
Soy informático
Por mucho que intente disimularlo aquí, dándome aires de joven literato, observador agudo de la realidad y pensador ocasional, en frecuencia y originalidad, debo reconocerlo...
Soy "informático".
Lo cual no quiere decir que esté hecho de ceros y unos, que en lugar de tendones tenga cables de red, o que unas planchas metálicas con entradas USB ocupen el espacio que tú llenas con huesos y articulaciones (no sé si os habéis fijado, pero a los que nos dedicamos a esto nos llaman por un adjetivo en lugar de un nombre. Tú no eres "empresarial" o "económico", sino empresario o economista). Lo que quiere decir es que me dedico a la informática, a "los ordenadores".
A los informáticos se nos presuponen muchas virtudes. Un resumen rápido incluiría que nos gusta arreglar gratis los ordenadores a la gente, cueste lo que cueste, que conocemos cualquier aplicación o programa existente en el Universo, que podemos conseguir pirateado cualquiera de los anteriores, y que lo que hacemos nunca puede ser "demasiado complicado". Corolario: no podemos cobrar demasiado, o no podemos cobrar en absoluto. Nosotros hacemos lo que hacemos por afición, por puro altruismo. Cobramos de Bill Gates por ir arreglando los Windows piratadados del vecino, y de Canon/HP/Epson por andar configurando impresoras de esas que cuesta más el cartucho de tinta que el cacharro. Telefónica también nos da propinas y cachetes amistosos en el culo por arreglar sus ADSL o configurar sus packs autoinstalables. Y por supuesto tenemos un inventario mental sobre qué hacer en caso de virus. Los conocemos, sabemos cómo funcionan, dónde atacan, qué antivirus funciona mejor. Si nos llega a dar por la medicina seríamos todos inmortales.
Si todo el mundo siguiera este modelo, esto significaría que a mí me deberían arreglar la caldera o la lavadora gratis si tuviera un amigo o familiar fontanero. Que mis amigos publicistas deberían hacerme unos anuncios decentes para mi empresa, que mis amigos periodistas deberían escribir sobre mí en sus periódicos, y que el amigo de empleo indefinido que sepa planchar bien debería venir a mi casa y pasarse dos horas dejándome las camisas y camisetas más lisas que un plato.
Para compensar, también se nos presuponen varios defectos: que somos seres raros, asociales, retraídos, casi agorafóbicos. Que nacemos con gafas incrustadas en la sien, que nos dedicamos a ligar y chatear por internet mandando fotos borrosas del Duque ese cuando nos la piden, que somos unos salidos, que tenemos granos, que no sabemos beber, que hacemos bromas de frikis, que somos unos salidos bis, que vemos unas tetas y nos quedamos colgados. He dicho lo de que somos raros, ¿verdad? En fin, que nuestro trabajo altruista está bien valorado a nuestras espaldas, ¡hurra!
Os voy a contar un secreto que quizá no sepáis los que no sois de carne y cable: en la Universidad no tuvimos una asignatura que se llamara "Mantenimiento gratuito de equipos informáticos domésticos". En serio, no hemos estudiado eso. Tenemos cosas como "Inteligencia Artificial", "Laboratorio de Estructura de Computadores" o "Robótica". Cosas que no se encuentran en muchas casas, seamos honestos. ¿Y cómo sabemos entonces hacer esas cosas? Por las dos leyes fundamentales de la informática: uno, ensayo y error; dos, buscar en Google lo que no sabemos y... tres, no tenemos miedo a los ordenadores. Vale son tres, no dos, y la tercera ni siquiera es una ley, es una actitud que teníamos incluso antes de ir a la Universidad.
Mierda, acabo de reconocer que sí es vocacional... Me quedo sin excusas, le echaré un ojo a tu ordenador, qué remedio.
Frente a estos problemas que he descrito, los informáticos tenemos una técnica que funciona relativamente bien, mejor con clientes que amigos, peor con jefes que con subordinados...
Los PALABROS. En inglés, buzzwords. (Chanchan, violines de peli de acción).
Cuando queremos defender nuestra parcelita, o aparentar ser suficientemente friki con amigos, o dárnoslas de entendidos con un cliente, o justificar un retraso a un jefe, o ganar tiempo para resolver un problema de ignota solución, escupimos siglas, acrónimos y palabras inventadas a cascoporro, y además las salpimentamos con verbos, frases y anglicismos a gogó: "No, el problema es que no tienes habilitado el NetBIOS", "creo que la solución sería activar el QuOS en el router para dar prioridad a la voz", "tienes que aplicar un patch con un diff y parchear el fuente del kernel", "debe ser un bug estoy buscando el parche"... No nos sirve de mucho la mayoría de las veces, y para mayor infortunio, va en nuestra contra cuando se trata de investigar algo nuevo.
Yo llevo dos días "investigando" (otra cosa que nos encanta decir, en lugar de aprendiendo, estudiando o vagueando) cosas que necesito para un proyecto, mitad diseño, mitad programación. Y en esos dos días cada vez que busco algo me topo con otro nuevo palabro que investigar. De Flash a Flex, de Flex a Air, de Air a Actionscript 3.0 (nos encanta lo de número-punto-cero), de ahí a SOAP y WDSL y también a FlexBuilder, de ahí a Flex SDK... Se podría hacer una serie tipo Pokémon con esos nombres por Dios.
Lo dicho, nuestro escudo de palabros va en nuestra contra muchas veces. Si fuera un duelo en el Oeste, sería como dispararte el güinchester de repetición en tu propia bota. Sólo que un informático diría "este rifle está mal calibrado, le falla la tabla de rutas de las balas".
Bendita afición profesión.
P.D: La leche, os juro que esto iba a ser una entrada breve, sólo quería decir lo de los palabros y me ha vuelto a salir un tocho de cuidado... Y vosotros, lectores invisibles del blog, manifestáos. Sobre todo los que sois informáticos, ésta es la vuestra. ;)
miércoles, 15 de octubre de 2008
Contraturismo
Hay un placer deliciosamente insolidario en estar de vacaciones cuando nadie más lo está. Y esta aceptablemente egoísta sensación se amplifica además si estás en tu ciudad, que en realidad no es tu ciudad, porque el mapa coincide pero tú te pierdes por otros sitios, a otras horas.
Suele ocurrir que gente de fuera de Madrid conoce antes que tú las exposiciones interesantes que ver, las colecciones temporales de los museos, los eventos más cool, las performances más esperadas, lo más de lo más. Quién no trata con niños que se saben de memoria el horario, precio y estado de salud de los perritos de la pradera del Zoo, o primos que te describen las últimas quince máquinas infernales añadidas al Parque de Atracciones (normalmente entre gritos de histeria al recordarlas). Asumo que el Pasaje del Terror dejó de ser novedad prácticamente a la vez que el Cobi de Barna y el Curro de la Expo, tengo que actualizarme. Tesoros sumergidos de Egipto está en el Matadero hasta el 15 de noviembre. El que apueste contra mí a que al final se me pasa y no voy probablemente gane.
Todo esto viene a cuento, porque he estado tres días libres y en lugar de irme lejos me he quedado por aquí. De las ochenta ideas iniciales se han llevado a cabo muchas menos, pero tener la posibilidad de hacerlo ha sido grande. Visitar Segovia un Martes, o comer un Miércoles en un asiático rodeado de gente en modo oficina y tú en sudadera, zapatillas y modo ocio es genial, jijiji. Y comenzar una semana un Jueves, pero sólo tú, también.
Voy a hacer propósito de enmienda y hacer más turismo en Madrid en lo sucesivo. Y entre semana a ser posible, contracorriente, contraturismo. Que es cuando más jode.
viernes, 10 de octubre de 2008
Viernes
Y como Viernes que es, os dejo con un remix de Bob Sinclair de una canción de Salomé de Bahía, "Outro Lugar", que a su vez es una versión de una canción del genio Stevie Wonder. Queda claro que cuanta más gente creativa mete mano en un asunto, mejor queda al final. A mí esta canción me lleva animando desde hace 6 o 7 años... Ideal para la media hora de ducha, vestirse, etc. antes de salir. ¡Que tengáis buen finde!
martes, 7 de octubre de 2008
"Chinos"
Si viviéramos en Inglaterra serían pakistaníes o hindúes indios. Si viviéramos en Estados Unidos, me atendería un coreano o un mexicano. Pero aquí, en su gran mayoría, son chinos. El único negocio que conozco que toma su nombre a partir del gentilicio de su dueño o dependiente.
Da igual lo que pongan ellos afanosamente en la puerta. Puede poner "Alimentación" a secas, o pueden haber hecho un auténtico alarde de creatividad folklórica y llamar a su establecimiento "El Dragón Azul - Bazar", que irremediablemente siempre será "el chino de la calle tal" o incluso "si hombre, el chino de al lado del videoclub Alfil"... Cuando vas o vienes de allí, dices "he parado en los chinos", en plural, como si fuera un poblado de nómadas a las afueras de tu ciudad medieval.
Un rápido paseo por sus tiendas y un breve intercambio verbal y no verbal con los chinos te demuestra al instante que sí, que el futuro les pertenece. ¿Cómo coño saben los chinos lo que nos hace falta a horas intempestivas a los españoles? Dicho al contrario, ¿sabrías montar tú una tienda de alimentación, que aunque la llamases "El Toro Dorado" sería conocida como el español, en la que tendrías que vender productos de primera, segunda y hasta enésima necesidad en un barrio de Pekín? Y de aprender chino mandarín ni hablamos...
Los chinos van reemplazando las antiguas tiendas familiares, supermercados, Udacos, Grupos IFA y cosas así. Es la guerra, Carrefour-Día-Hipercor-Supercor-Mercadona contra ellos. Los chinos. Y sobreviven, tanto que hasta se expanden y multiplican. Su táctica es conocida e implacable: una pareja, joven, ayudados de cuando en cuando por algún miembro más joven de su familia, con un horario brutal. Siempre pensamos que son marido y mujer o novio y novia aunque ni se besen, ni se hagan carantoñas. Pensamos que deben ser pareja para aguantar once horas en su tiendecita saludando con más o menos buena cara a todo el mundo. Gente que va a allí, compra, no descuida la mirada de precacución maleducada mientras recorre la tienda (estos chinos, a saber lo que me venden), y sale con su vida solucionada sin siquiera recordar el nombre del sitio donde se gasta su dinero.
Los chinos son como refugios nucleares. Tienen de todo. Da igual lo que te falte, si es básico y lo necesitas para ya, lo tienen. Hablo de chinos de alimentación, los auténticos, no los "todo a un eulo" (que dan para otro post claramente). Pilas, pan bimbo, latas de todo, salchichas, refrescos, alcohol, las patatas fritas que más te gustan (Azucena forever), papel de fumar, CDs y DVDs grabables sin cánon (los chinos con la contracultura, ¡hurra!), nata líquida, un bloc con lápices de colores para que la niña no se aburra en el médico, productos de limpieza, pan del día, bollería industrial atascaburras, cosas de papelería, chucherías para remontar las copas, vino. El horario inmejorable, el trato correcto. Sin preguntas. Sin excusas. Traficantes de recompensa material instantánea.
¿Dije que además, nos parecen baratos?
La chica del chino al que más voy sonríe siempre, da igual que sean las once de la mañana o las once de la noche. Da igual que entre una respetable madre de familia o una horda de jóvenes gritones granujientos. Y ha aprendido el uso correcto y coloquial del castellano, para despedirse espontáneamente con "ha-ta legooooooo"... Dan ganas de abrazarlos, qué espíritu comercial, qué capacidad de trabajo, qué pequeños son.
Mi anécdota graciosa del día, que me ha inspirado esta campaña prochinos, es que he ido con mi compañero de piso a hacer una gran inversión en comida: "Nos llevamos solo esto, seis huevos". "Un eulo". Sonrisas. Ha sido fácil, como siempre. La "mujer" del chino estaba fuera, y cuando salíamos, ella volvía hacia la puerta limpiándose la boca con el dorso de la mano. Y juro que la he oído balbucear en el idioma de Quevedo: "yo embalazada y pol eso a veces vomito. Lo siento, lo siento ¿eh? lo siento... e normal, lo siento". "¡No pasa nada mujer!" le hemos contestado caballerosos, sin saber muy bien de qué carajo hablaba.
Y después no he podido evitar la carcajada medio contenida cuando estaba ya a veinte pasos de la puerta. Qué grande la mujer. No la habíamos visto, pero se ha delatado ella sola, pobrecita, pensando que la habíamos pillado. Prometo que volveré todas las semanas, por el chinito que viene y porque creo que me ha oído reírme... Ella no lo entendería, pero ha sido de película de Buñuel, una china explicándome los efectos secundarios del embarazo. A mí, a las diez de la noche, con media docena de huevos bajo el brazo.
Gracias en chino se dice "shishí" (o algo achí). Y a ellos les encanta cuando se lo dices al pagar. No nos sabemos el nombre de su tienda, pero al menos aprendemos una palabra en su idioma, a cambio de que estén ahí siempre.
Después de cenar se nos ha ocurrido rematar la noche con Operación Dragón, un clásico setentero de Bruce Lee con música de Lalo Schifrin buenísima, música y peli (dentro del género que es y la época en la que se hizo claro). Noche oriental completa.
Qué grande la chinita, que hostias como panes metía el Bruce Lee, qué dosis de realidad. ¡Shishí!
miércoles, 1 de octubre de 2008
Gepensioneerd
Si me llegan a decir hace un par de años que hablaría por el Messenger con ella, yo en el trabajo y ella en casa, me habría parecido imposible. Y sin embargo ahora, aún en el trabajo a punto de irme a mi casa, la veo conectada y me saluda, con faltas de ortografía de vez en cuando debidas a que tiene unas uñas larguísimas y perfectas, según se encarga ella misma de explicar. Tuvo una boda hace una semana, de ahí ese detalle afrancesado que remata sus dedos.
Esta chica, convertida ya en señora, nació en Amsterdam hace unos cuantos años ya. Siendo miembro de una familia numerosa se fue a vivir de pequeña a Surinam, antigua colonia holandesa. Su padre era músico, organista de iglesia, un artista. De su casa en Surinam, de estilo colonial propiamente dicho, recuerda que había miles de insectos y que tenían monos en el jardín. Cuando se acercó a los dieciocho años, cogió un avión, dejó atrás a los monos y cruzó el Atlántico para volver a Holanda y vivir con una tía suya. Estudiaba desafiando al frío con su bici en invierno y después se puso a trabajar. Conoció a un español, emigrante sesentero de los que recorrieron Europa para buscarse un futuro y de paso huir del servicio militar franquista. Se casaron, y fue ella la que dejó todo y se fue a vivir a España, que entonces estaba gobernado por una dictadura militar, no olvidemos. El universo no conspiró para que tuviera una hija, tuvo dos chavalotes que, como la mayoría de los hijos, seguramente no le han devuelto ni el diez por ciento de lo que ella les ha dado durante años.
La semana pasada dejó de trabajar, prejubilada, después de treinta y cuatro años en la misma empresa. Has leído bien. Treinta y cuatro años en el mismo trabajo... Han pasado jefes y personas a su lado pero ella ha seguido allí. Estudió taquigrafía en su día (eso que misteriosamente teclean a toda pastilla durante los juicios en las películas para registrar todo lo que se dice y que usa símbolos para representar palabras... una cosa imposible vamos), y a lo largo de estos años el ordenador y el Outlook desplazaron a la agenda de cuero, los infinitos archivadores de oficina y a la máquina de escribir Olivetti con dos cintas, negra y roja.
Debe dar vértigo reajustar tu vida después de treinta y cuatro años haciendo lo mismo. Yo no soy capaz de imaginármelo. Nosotros, que nos quejamos cuando estamos tres meses sin hacer un viaje o cuando un jefe estúpido no nos paga lo que creemos que nos merecemos.
Ahora saber holandés, español, inglés y bastante alemán no le hace falta. Ni tener memoria fotográfica para los cumpleaños y todo tipo de detalles. Ahora se levanta muy pronto, porque el cuerpo tarda en perder las costumbres, y cuando tiene un rato o le apetece o se aburre se conecta al Messenger y habla con uno de sus hijos que está trabajando y le aclara que comete faltas de ortografía en una lengua no nativa para ella porque tiene uñas francesas que chocan con el teclado del portátil. ¿No es adorable?
Una casa para ti sola en un país extranjero con dos hijos independizados y tu marido aún en activo puede ser difícil. O puede ser genial. Creo que será lo segundo, y espero que los demás estemos como mínimo a la misma altura a la que ha estado ella estos últimos treinta y cuatro años.
No me gusta la traducción de jubilado al holandés. Gepensioneerd lleva implícita la pensión, una connotación de dependencia. Menos mal que desde hace años y años, por la noche sueña en español.
lunes, 22 de septiembre de 2008
...y reacción
Barcelona. Hotel Silken Diagonal. 23:55. Internet gratis en la habitación, sí, pero a velocidades de hace años. ¿Alguno recuerda tener que esperar de verdad a que carguen las páginas? Me refiero a que puedes ir al baño, o ver media canción de un tío con pinta extraña imitando de forma rídicula a Kylie Minogue en Factor X, y aún no hay nada en la pantalla... Un coñazo.
En fin, hoy me he levantado a las 4:55 de la mañana. Para llegar a Barcelona a las 8 y pico. Un poco más y me compensa venir en coche vamos. Odio los controles de seguridad de los aeropuertos y, lo siento, a todo el que trabaja en cualquier punto de la cadena de humillación pagada por nosotros en teoría por nuestra seguridad... "Quítese la chaqueeeeta señor y póngala aquí en una bandeja. Tenga, tenga, rápido. No señor, el portátil tiene que ponerlo también. Abralo. Saque el ordenadooor y póngalo aparte. ¿Cinturón lleva? Reloj, llaves, móvil... Coja, coja otra bandeja." Ahí me tocó las narices ya. "Deje deje que aún no tengo tres manos para tres bandejas." A la chica que iba delante mío, que salió airosa del trance, la estaban esperando y la hicieron descalzarse y parecer una niña pequeña en el suelo frío durante unos minutos.
Todo el lío que tenía montado el otro día ha explotado maravillosamente hoy en el dichoso curso de formación (véase "Acción" más abajo), como era previsible. Pero no ha habido muertos, algo es algo. Ya veremos qué tal acaba todo...
Y sobre la boda, el sábado, pues estuvo genial. Como todo el mundo ha ido a bodas os ahorraré una descripción pormenorizada que no me interesa ni a mí. Al final no leí discurso (me rajé cobardemente), pero me asignaron una sencilla frase entre familiares de la novia, que hablaba del talante, simpatía y amistad o algo así de mi hermano. Me dijeron "lee eso cuando te toque, donde pone Carlos". Parecía sencillo. Cogí aire, decidido a que se me oyera entre aquellas niñas con voz de ratilla emocionada que me precedían y seguían, y leí bien, con fuerza, con carácter. Claro que siempre hay un pero.
Me podían haber dicho que tenía que decir al final "roguemos al señor" (que NO venía escrito) porque los 2 segundos de silencio y la mirada gélida de la novia desde el altar (que significaba "LA ESTAS CAGANDO CARLITOS!!!") se me hicieron eternas. El curita me echó un capote ("Rogamos al señor") con tono de "menudo pringado el hermano del novio..." y a mí no se me ocurrió otra cosa que salir del paso con un "le rogamos", porque desconozco por completo los formalismos cristianos. Por la megafonía de toda la iglesia. Jaja, podría haber dicho everybody in da house o algo así y habría quedado igual de bien. O igual de mal vamos.
En fin, volveré en el Ave para estrenar el Barcelona-Madrid y ahorrarme las colas infumables de seguridad del aeropuerto, eso sí. A ver qué tal mañana. Saludos hacia vuestros puestos de trabajo y hogares habituales, desde una habitación requetefashion en Barna demasiado molona para no compartirla con nadie. El tal micky ese de Factor X tiene cara de travieso pasado de moda, debería trabajar en el control de seguridad para putear a la gente.
Para Lapsus Cerebralis, desde Barcelona, vuestro tarado habitual. ;)
jueves, 18 de septiembre de 2008
Acción
(Esto me pasa por escribir un alegato del bostezo el otro día, claramente. El karma, la ironía del destino o la dichosa ley de Murphy se ríen de mí.)
Es curioso cómo las personas sabemos complicar las cosas aparentemente sencillas, especialmente en entorno laboral. Se trata de cerrar un curso de formación en Barcelona, que impartiremos este vuestro humilde anfitrión y un agradable hombre belga de nombre Yves , que evidentemente tiene que venir de Bélgica. El lunes. Mis interlocutores en Barcelona: un italiano y un inglés.
El objetivo: dejar todo atado para que el Lunes cuando vayamos, las cosas funcionen y podamos darles su curso práctico (en el argot, hands on training) en lugar de aburrirles con infumables horas mirando un proyector con contenido teórico. El proceso hasta lograr todo esto: un auténtico, genuino, esperado y temido coñazo.
Si es que la cosa ya empieza de chiste: van un belga, un inglés, un italiano y un español... Ahora que lo pienso hay otro actor involucrado, un holandés que firma los mails con C. apellido con lo que cuando le contesto no sé cómo refererime a él, y cuya función es activar todo en remoto. Así que llevo un semana de: cruce de mails, esperar respuestas, llamadas, se lo pregunto a éste, reenvíos de correos con "mira a ver si te puedes encargar de esto tú" delante de tu texto, balones fuera con "No, si eso ya lo sabe XXXX, habla con él", confirmación de la confirmación de la preconfirmación de fechas, horarios, aviones, hoteles, aves, documentación, pollo con patatas. Esa última era para ver si seguías atento. ;)
Básicamente hay mil cosas en el aire aún, con un solo día laboral disponible (que encima es Viernes), una boda de mi hermano en Albacete de por medio, la vuelta a Madrid y volar a Barcelona a horas intempestivas, dormir en algún hotel encontrado por Internet, hablar inglés y español durante dos o tres días, volver siendo yo, y habiendo dejado al italiano e inglés contentos (más lo que me encuentre allí que no conozco aún). Respiremos, es imposible tenerlo todo atado de antemano. Y qué fácil es tenerlo todo desatado en cambio.
Hay semanas que parecen años en las que no ocurre nada, y hay momentos en los que se comprime el tiempo para hacer, o al menos intentar hacer, mil cosas a la vez. Digo yo que los sucesos interesantes podían estar repartidos todo el año, no apelotonados en cinco días, como una camada de gatitos que aún no han abierto los ojos.
Maldito Murphy.
